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miércoles, 2 de marzo de 2022

Neurociencias. El Fenómeno del Chivo Expiatorio, según Girard



“El ser humano es la criatura que no sabe qué desear y se vuelve hacia los demás para decidirlo.

-René Girard


"Si los individuos están naturalmente inclinados a desear lo que sus vecinos poseen, o a desear lo que sus vecinos simplemente desean, esto significa que la rivalidad existe en el corazón mismo de las relaciones sociales humanas. Esta rivalidad, si no se frustra, pondría permanentemente en peligro la armonía e incluso la supervivencia de las comunidades humanas".

-René Girard





El Deseo Mimético



René Girard es famoso, entre otras cosas, por su concepto del deseo mimético. Girard descubrió que la mayor parte de lo que deseamos es mimético, o imitativo, no intrínseco. Los humanos aprenden -por medio de la imitación- a querer las mismas cosas que otras personas quieren, igual que aprenden a hablar de la misma manera. Entender el deseo mimético es clave para entender a un nivel más profundo el mundo de los negocios, de la política, de la economía, del deporte, del arte o incluso del amor. El deseo mimético es una realidad, como la gravedad, está ahí y no lo podemos cambiar, somos criaturas que imitan. Pero darnos cuenta de su existencia nos puede ayudar a entender mejor el mundo. La verdad, según Girard, es que mis deseos son derivados, mediados por otros y que yo formo parte de una ecología del deseo que es más grande de lo que puedo entender. El deseo, como la gravedad, no reside autónomamente dentro de la persona, el deseo vive en el espacio entre las personas.


Es importante, antes de nada, diferenciar entre deseos y necesidades. La comida, el sexo, un refugio o seguridad son necesidades, no deseos. Cuando las necesidades ya están cubiertas es cuando pasaríamos al mundo del deseo y saber lo que queremos es más complicado que saber lo que necesitamos. Girard estaba interesado en comprender cómo llegamos a querer cosas cuando no existe un claro instinto en la base de ese deseo. Según Girard, son los modelos los que nos muestran lo que hemos de querer. Estos modelos pueden ser cosas o personas a los que imitamos y que por tanto moldean nuestros deseos.


La gente se cree que son ellos los que eligen directamente sus deseos, creen que hay una linea directa entre ellos y las cosas que quieren. Algo así como lo que muestra el dibujo superior. Pero la verdad sería lo que se muestra en el dibujo inferior, que la línea es curva y hace un desvío hacia un modelo al que imita nuestro deseo.






Por tanto, los deseos requieren modelos, personas que hacen que las cosas tengan valor para nosotros por el mero hecho de que ellos las desean. Siempre hay modelos para nuestros deseos aunque no nos demos cuenta de ellos. Nuestro universo de deseos es tan grande o pequeño como el de nuestros modelos.  La pregunta es, entonces, si el deseo es generado y modelado por los modelos, ¿de dónde sacan los modelos sus deseos? Respuesta: de otros modelos. Nos fascina la gente que tiene una relación diferente con el deseo, real o percibida. Las personas a las que no les importa lo que otros quieren, o que no quieren las mismas cosas, nos parecen de otro mundo. 


Todo esto que Girard trató antes de la existencia de Internet tiene una importancia enorme en el mundo de las redes sociales. Se habla mucho de la adicción a los móviles, a las pantalla y a la tecnología pero no se habla de la que es la amenaza metafísica más grave: nuestra adicción a los deseos de los demás. El deseo mimético es el motor real de las redes sociales.






El Fenómeno del Chivo Expiatorio


Por otro lado, cada uno de nosotros tiene deseos que si se siguen hasta sus últimas consecuencias serían peligrosos para nosotros y para los demás. Lo mismo ocurre en el nivel correspondiente a toda la sociedad: la mimesis descontrolada hace que los deseos se extiendan y colisionen porque la mayoría deseamos las mismas cosas. Caeríamos en lo que Girard llama una crisis mimética. 






Girard observó que durante miles de años los seres humanos han dispuesto de una forma específica del protegerse de las crisis miméticas: converger en una persona o grupo a la que expulsan o eliminan. Este mecanismo tiene el efecto de unir al grupo y de proveer una salida para la violencia. Los individuos se protegen a sí mismos de lo que quieren -de sus deseos miméticos que les han llevado al conflicto de unos con otros- dirigiendo su deseo de vencer a los demás a un punto fijo. Alguien que se ha convertido en un sustituto de todos sus enemigos, alguien que no se puede defender…un chivo expiatorio.


Girard encuentra que, a lo largo de la historia, los humanos han recurrido al sacrificio para detener el conflicto o la crisis mimética. Cuando las sociedades se ven amenazadas por el desorden, utilizan la violencia para ahuyentar la violencia. Expulsarán o destruirán a una persona o grupo y esta acción tendría el efecto de prevenir una extensión mayor de la violencia. Es decir, se contiene la violencia por medio de la violencia. Girard llama al proceso por el que esto ocurre el Mecanismo del Chivo Expiatorio. El mecanismo del Chivo Expiatorio convierte una guerra de todos contra todos en una guerra de todos contra uno. Esto trae temporalmente la paz porque la gente olvida sus conflictos miméticos por un tiempo al descargar toda su ira sobre el chivo expiatorio. 


Girard encuentra ejemplos de este mecanismo en todas las culturas antiguas. El chivo expiatorio es elegido al azar, a veces, pero siempre es percibido como diferente, marcado con alguna característica distintiva de un forastero o extranjero, algo que les hace distintos. Los chivos expiatorios son a menudos miembros del grupo que se considera que han violado la ortodoxia o los tabúes del grupo. Su conducta les convierte en una amenaza para la unidad del grupo (lo ocurrido durante esta pandemia con los no vacunados es una buena ilustración del fenómeno). Se les llega a ver como un cáncer o unos monstruosos extraños que ha violado y destruido los vínculos sociales que mantienen al grupo unido. Eliminar al chivo expiatorio es la forma en la que el grupo recupera la unidad. Nadie está libre de ser convertido en un chivo expiatorio porque durante las crisis miméticas hay una distorsión de la percepción. La gente proyecta sus miedos sobre los chivos expiatorios en lugar de hacer frente a la crisis. En la imagen veis los pasos que llevan al Mecanismo del Chivo Expiatorio:






El Fenómeno del Chivo Expiatorio tiene características muy interesantes que vemos todos los días en las redes sociales. Vemos que las acusaciones, como las lapidaciones, son peligrosamente miméticas y contagiosas. Lo más difícil es hacer la primera acusación o tirar la primera piedra. ¿Por qué? Porque no hay un modelo para ella. Pero una vez que se hace la primera acusación las siguientes son mucho más fáciles porque se cambia la percepción de la realidad. Y con cada nueva acusación hay más modelos. La ira se extiende más rápido que otras emociones -como la alegría- porque se disemina fácilmente cuando los lazos entre la gente son débiles, como ocurre en las redes sociales. Una turba es un organismo hipermimético en el que los miembros individuales pierden su agencia individual. El contagio mimético destruye las diferencias individuales y la psicología de la masa es diferente a la psicología individual. La violencia de la masa se ve como justa. Ellos no la empezaron, sólo están administrando justicia. El Mecanismo del Chivo Expiatorio no se basa en la culpabilidad o inocencia del chivo expiatorio. Se basa en la capacidad de la comunidad para usar un chivo expiatorio para conseguir su resultado deseado: la unificación, la curación, la purga, la expiación. El chivo expiatorio cumple una función religiosa.



A lo largo de la historia los chivos expiatorios han compartido una serie de características comunes. Son personas que por una razón u otra se diferencian de la masa y pueden ser fácilmente identificados. Bien tienen personalidades extremas o neurodiversas (autismo), o están en los márgenes de la sociedad (pobres o vagabundos), o tiene conductas desviadas por su estilo de vida o sexualidad, etc. Pero todos los chivos expiatorios tiene el poder de desactivar el conflicto mimético y de unir al grupo. Los sacrificios sustitutorios impregnan toda nuestra cultura. Girard consideraba el Mecanismo del Chivo Expiatorio como el prototipo de un acto religioso o sagrado. El sacrificio siempre parece justo y apropiado. Nuestra violencia es buena violencia; la violencia del otro bando es siempre mala.


El problema del Mecanismo del Chivo Expiatorio es que controla el desorden social y el conflicto mimético y une al grupo por un tiempo. Pero tarde o temprano tiene que volver a repetirse siguiendo el ciclo que veis en la imagen. En la civilización occidental moderna el Mecanismo del Chivo Expiatorio ha perdido efectividad, como una droga que induce tolerancia. Esta debilidad la podemos observar en los ciclos de 24 horas de las noticias, de la TV y de las redes sociales. Solo hace falta que pasen unos días, o incluso a veces sólo unas horas, después del sacrificio de un chivo expiatorio para que se vuelva a pedir más sangre y destrucción.







@pitiklinov



Fuente:



Wanting. The Power of Mimetic Desire, and How to Want What You Need













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viernes, 10 de septiembre de 2021

Neurociencias. El Mundo Post-Pandémico: cuando los suplementos se convierten en sustitutos.



De Josua Mitchell ya he hablado en el blog cuando tratamos el tema de que la ideología de la Justicia Social Crítica es considerada por muchos autores como un movimiento religioso. Mitchell es uno de ellos y mencioné su libro American Awakening. Pues bien, este libro tiene una segunda parte donde habla de otro tema que es el que traigo ahora aquí. Me parece que es un esquema o encuadre que puede ser interesante para pensar acerca de las cosas. Creo que se le pueden buscar mucha pegas pero me parece que hace pensar. Voy a intentar resumirlo lo mejor que pueda y vosotros decidiréis si tiene algún mérito o no. El título del apartado donde trata el tema del que voy a hablar se titula: Adicción: cuando los suplementos se convierten en sustitutos. Es conocido el grave problema de la epidemia de sobredosis de opiáceos en EEUU pero Mitchell plantea que existe un problema de sobredosis y dependencia a mayor escala en la sociedad. Vamos a ver cómo lo encuadra.


La idea de que una sustancia puede salvar vidas a una dosis y producir daño a otra dosis diferente es muy antigua. En la República de Platon, Sócrates distingue entre dos tipos de médicos: los que administran una dosis reducida de medicina para ayudar a sus pacientes a restablecer la salud que tenían antes de caer enfermos y aquellos otros doctores cuya cura requiere que sus pacientes tomen una medicina indefinidamente porque dicen que volver a una situación de salud libre de medicina es imposible. Estos médicos entenderían mal el uso adecuado de la medicina que sería el de un suplemento que se toma para curar una enfermedad tras lo cual el paciente recupera su salud y su vida. Si se usa como sustituto -siempre siguiendo a Mitchell- la medicina ya no funciona como un tratamiento porque los pacientes dependen de una dosis regular (y a veces creciente) para seguir vivos. En este caso la medicina es un sustituto de la salud. Los pacientes siguen vivos pero no recuperan su vida normal porque la muerte está siempre esperando a la vuelta de la esquina si dejan su medicación. Sócrates se refiere a esos pacientes como que llevan una vida de “muerte lenta” (lingering death). El uso adecuado de la medicina (como suplemento) debería llevarnos de vuelta a una vida sin medicina; el uso inapropiado de la medicina conduce a una “muerte lenta”. El paciente que vive a base de sustitutos vive siempre de prestado.


Mitchell pone otro ejemplo sacado del Discurso sobre las ciencias y las artes de Rousseau. Rousseau compara a los antiguos guerreros con los “soldados modernos científicamente entrenados” (supongo que hoy en día Rousseau todavía tendría más argumentos que los que tuvo en su época para utilizar esta expresión). Los antiguos eran valientes, dice Rousseau. Sus armas eran prótesis que complementaban su valor y esto es lo que les hacía fieros. Los soldados modernos, dice, tienen armas más poderosas pero, faltándoles el valor, no saben usar sus armas bien. En muchos sentidos, los soldados modernos son mejores que los antiguos porque tienen mejores armas. Pero el punto de Rousseau es que las armas son un suplemento al valor pero que en la época moderna se han convertido en un sustituto del valor. Si las armas se convierten en sustituto del valor los soldados vivirían de prestado. En un momento dado, los soldados que conocen el uso adecuado de las armas (como suplementos del valor) derrotarán a los soldados que no lo conocen. Al igual que los médicos de Platón, los soldados deben entender que no pueden convertir los suplementos en sustitutos sin pagar un precio. Cuando los complementos se convierten en sustitutos nos volvemos adictos. Tendemos a limitar la categoría de adicción para sustancias como drogas, alcohol, etc.,  aunque también hablamos de adicciones sin sustancia como el juego, sexo, videojuegos, etc. Aquí Mitchell considera estas adicciones de las que hablamos normalmente como ejemplos específicos de suplementos que se han convertido en sustitutos y expande la categoría de adicción a todos los casos de suplementos que se convierten en sustitutos. 


Otra forma de entender esta idea es fijarnos en el tema de la comida y las vitaminas. Se supone que la comida es lo importante y que tomar unas vitaminas en un momento dado es un suplemento. Cuando Rousseau hablaba del valor y de las armas, el valor sería la comida y las armas las vitaminas o el suplemento a la comida. La comida sería el “orden natural de las cosas” y a suplantar ese orden - es decir convertir a los suplementos en sustitutos o a las vitaminas en el plato principal- Mitchell lo llama “Sustituismo”. Es como cuando el adicto a los opioides sustituye el orden natural de las cosas por sus dosis continuas del opiáceo. La tesis de Mitchell es que el “Sustituismo” es una patología debilitadora de la vida americana, una enfermedad y el proceso pasa por tres fases: la vida sin el suplemento, la vida con suplemento y la vida con el suplemento convertido en sustituto. Bueno, espero haber explicado fielmente la idea de Mitchell, su plantilla de pensamiento, y ahora vamos a ver cómo aplica este esquema a diferentes temas y aspectos de la vida moderna. Ahí van algunos de los ejemplos de Sustituismo que pone Mitchell:


  • El consumo de agua de botella, los cientos de millones de botellas de plástico de agua que consumimos al año en lugar del agua de grifo.
  • La comida basura. La comida basura en su origen era un sustituto de la comida principal. Se consumía cuando la familia estaba fuera de casa, en el cine o de viaje, pero cuando se regresaba a casa la familia volvía a la comida conjunta en la mesa. En muchos lugares la comida a la mesa ha desaparecido y se ha sustituido por la comida basura.
  • Facebook tiene unos 3.000 millones de usuarios pero la gente cada vez se siente más aislada y hay una epidemia de soledad. Las relaciones cara a cara serían la comida y Facebook sería el suplemento. De la misma manera que el referente de la comida basura era la comida todos juntos al a mesa, el referente de los amigos de Facebook eran los amigos de la vida real. Pero ahora los amigos on-line han sustituido a los reales a los cuales vemos menos o no les vemos en absoluto. La soledad y el aislamiento ha aumentado. Las redes sociales en general están sustituyendo nuestro mundo social real. 
  • Comercio electrónico frente a comercio de barrio. Las tiendas de “ladrillo” serían la comida real y el comercio on-line serían en principio un suplemento o complemento a las tiendas tradicionales. Lo que está ocurriendo es que Amazon y otras empresas están sustituyendo a las tiendas de toda la vida.
  • La educación on-line está sustituyendo a la educación presencial. Todo esto se ha agravado, por supuesto, con la pandemia, de lo que hablaremos al final.
  • El GPS y los coches autónomos. Ya no somos capaces de ir a ningún sitio sin el GPS y estamos perdiendo competencias que antes teníamos. De nuevo, una cosa es utilizarlos como suplemento mientras que otra cosa es que al final dependamos de estas aplicaciones y sepamos incapaces de funcionar por nosotros mismos. Podríamos poner más ejemplo similares a los últimos que he mencionado pero todos ellos caen bajo un paraguas común que es que estamos sustituyendo el mundo real por una pantalla, la sustitución del mundo analógico por el digital o virtual, el tremendo impacto que está teniendo la tecnología en nuestras vidas. Me parece que esto es algo evidente. Por supuesto que tiene muchos aspectos positivos pero estamos hablando del lado negativo que Mitchell le encuentra. Podríamos hablar del mundo de la música moderna y digital donde muchos productores ya no utilizan una ejecución con instrumentos reales sino que se basan en samples y otras tecnologías que sustituyen a los músicos. 
  • El papel del gobierno cada vez es mayor, en opinión de Mitchell y se refiere a Estados Unidos. Cada vez el gobierno se mete en esferas de nuestra vida donde antes no se metía y nos dice lo que tenemos que hacer o lo hace por nosotros. Cosas que antes hacían las propias sociedades o comunidades, las familias, las asociaciones de vecinos o las instituciones religiosas ahora las está sumiendo el gobierno y muchas veces tratando a los ciudadanos como niños. Antes el estado suplementaba a esas instituciones pero ahora las está sustituyendo.


Antes he hablado de la pandemia Covid y Mitchell la aborda al final del libro porque es evidente que la pandemia ha acelerado este proceso de Sustituismo: el teletrabajo ha sustituido al trabajo, las entrevistas por Zoom a las entrevistas caras a cara, los congresos virtuales a  los presenciales, el comercio electrónico al tradicional, la atención médica cara a cara por la atención telefónica, la gestión en oficinas de ladrillo ha sido sustituida  por gestiones en la web a todos los niveles, se ha agrandado el papel del gobierno decidiendo acerca de cosas sobre las que nunca antes había decidido, etc. Incluso, volviendo al punto de partida con Sócrates y los dos tipos de médicos y el problema de la dependencia- y esto es un desarrollo mío, no de Mitchell-, hemos visto un fenómeno de sustitución de la inmunidad natural por la inmunidad por medio de las vacunas que se ha manifestado en las dudas desde un principio sobre la eficacia y duración de dicha inmunidad natural, en la presión para vacunar a todo el mundo incluías las personas que ya habían pasado la enfermedad y en el desprecio de esta inmunidad en algunos tipos de pases y pasaportes, etc. Por último se está produciendo el paso de suplemento a sustituto con la administración regular y periódica de la vacuna. Israel ya está administrando la tercera vacuna y está preparando a los ciudadanos para una cuarta, y no sabemos cuántas más serán necesarias. 


Hay muchos puntos débiles en el planteamiento de Mitchell. Lo natural no tiene por qué ser bueno y gran parte del progreso tecnológico, médico y social consiste precisamente en esa sustitución de “lo natural” por elementos artificiales. Ya sustituimos válvulas cardiacas, caderas y rodillas y con el avance de la ciencia podemos pensar en escenarios transhumanistas en los que órganos de nuestro cuerpo sean sustituidos por prótesis biónicas, etc. Pero tal vez debemos preguntarnos si corremos el peligro de renunciar a vivir para seguir vivos.


Mitchell plantea que detrás de este afán por sustituir está nuestro miedo a la muerte. Tenemos tanto miedo a la muerte que estamos dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de mantenerla lejos. Históricamente habíamos aceptado que no existía un lugar seguro a salvo de la muerte pero en esta pandemia hemos llegado a pensar por primera vez que podemos evitar la muerte, que podemos mantenerla a raya…Si nos encerramos, si nos aislamos socialmente, si nos vacunamos continuamente estaremos a salvo y no moriremos nunca. Dice Mitchell: "Hay más de una forma de morir. La muerte física es una de ellas. Un futuro distópico es otra”…"Lo que está ocurriendo a nuestro alrededor en estos momentos excede ampliamente el prudente deseo de proteger. Se trata nada menos que de un esfuerzo por encender la brasa del miedo a la muerte y convertirla en un infierno furioso que lo consuma todo, en una búsqueda inútil por crear un mundo sin mancha ni defecto, un mundo liberado de la maldición de la muerte"




@pitiklinov









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sábado, 19 de junio de 2021

Neurociencias. Filicidio por venganza: una perspectiva internacional a través de 62 casos

En las últimas semanas hemos sido testigos de dos casos de filicidio por venganza que han conmocionado a la opinión pública. En esta entrada voy a hacer un resumen de un artículo publicado en febrero de este año sobre el filicidio por venganza (en estos momentos el artículo está disponible en abierto) porque es el primer estudio sistemático que se centra específicamente en el filicidio por venganza. Primero, vamos a señalar algunas definiciones. Filicidio es el homicidio de un hijo por su padre, madre, padrastro o figura paterna. Se suele diferenciar dentro de él dos grupos más concretos: el neonaticidio que es cuando el homicidio ocurre en las primeras 24 horas de vida del neonato; y el infanticidio cuando el menor tiene menos de un año. Por otro lado, como dicen los autores, “sigue siendo enigmático cómo pueden los padres eludir el cableado instintivo para proteger y alimentar a sus hijos, y en su lugar elegir asesinarlos”.


Según algunos estudios que se citan en el trabajo y que no voy a detallar, los filicidios son un 2,5-7% de todos los homicidios y aproximadamente un 5% de los filicidios serían filicidios por venganza. Es decir, estamos hablando afortunadamente de algo muy raro dentro de un fenómeno muy poco frecuente también. Los motivos que se han recogido para cometer filicidio incluyen: 1) que los hijos sean ilegítimos o no deseados; 2) que ocurra involuntariamente durante el maltrato infantil; 3) por razones altruistas o por piedad (por ejemplo, niños con discapacidades); 4) debido a una enfermedad mental (por ejemplo, delirios); 5) en estado de embriaguez; 6) por venganza; 7) para evitar que el niño testifique contra el padre; 8) para obtener un beneficio económico (por ejemplo, para eludir las obligaciones de manutención de los hijos); (9) de acuerdo con creencias religiosas o culturales (por ejemplo, para remediar la deshonra familiar provocada por el comportamiento inaceptable de un hijo); 10) para obtener una gratificación sexual; y 11) para obtener simpatía o atención (por ejemplo, trastorno facticio por poderes, antes síndrome de Munchausen por poderes).


Es bastante conocida y utilizada la clasificación propuesta por Resnick en 1969 que diferencia cinco tipos de Filicidio: 1) Filicidio Altruista, 2) Filicidio por psicosis aguda, 3) Filicidio por hijo no deseado, 4) Filicidio accidental (por maltrato físico), y 5) Filicidio por venganza. Dicen los autores del estudio con respecto al filicidio por venganza:


“El filicidio por venganza, que se cree que es un tipo de filicidio poco común, es aún menos conocido que los otros tipos. Se produce cuando un progenitor asesina a uno o varios de sus hijos para causar dolor y sufrimiento emocional al otro progenitor del niño, normalmente su actual o anterior pareja sentimental…”.


“Para poner esto en perspectiva, la Oficina Federal de Investigación estimó que hubo 16.425 asesinatos en Estados Unidos en 2019. Si el 2,5% de estos asesinatos fueron filicidios, y aproximadamente el 5% (4%-9%) de estos filicidios fueron motivados por la venganza, entonces podemos estimar que se produjeron unos 21 filicidios por venganza en 2019, lo que representa aproximadamente uno de cada 800 homicidios (0,125% de todos los asesinatos)”.


“Estos filicidios por venganza se llevaron a cabo normalmente en respuesta a sentimientos de ira, dolor, rechazo, desvalorización y/o amenaza de pérdida de acceso a sus hijos. Los agresores presumiblemente creían que el filicidio les ayudaría a restaurar su sentido de integridad, autoestima y/o honor. Las dificultades en las relaciones, incluyendo la separación/divorcio y la infidelidad real o percibida, son factores comunes que predisponen a la indignación y la furia que conducen al deseo de venganza (por ejemplo, Wilczynski, 1995). La amenaza de separación de la pareja o de los hijos puede ser de especial importancia en los casos de filicidio por venganza. El espectro del abandono puede suscitar temores intolerables de soledad, vacío, pérdida de identidad y pérdida de estatus social. Otros factores estresantes de la vida, como las dificultades financieras, el bajo estatus socioeconómico y el desempleo, pueden ser factores exacerbantes. Carruthers (2016) postuló que existe una deficiencia patológica en la capacidad de empatía de estos agresores o en la percepción de la personalidad del otro, por lo que perciben a su hijo como un mero objeto”.


El artículo hace un pequeño recorrido por la historia y la mitología comenzando por el caso de Medea que ha hecho que se denomine también a estos filicidios como “Síndrome o Complejo de Medea”.  Resumiendo mucho la historia, Medea asesinó a dos de sus hijos en un acto de represalia contra su marido Jasón que, tras recibir la ayuda de Medea para obtener el vellocino de oro, la abandonó para casarse con la hija del rey Creonte. Hay más casos como la historia de Procne y Filomena que cuenta Ovidio en la Metamorfosis o el de Hércules que mata a su mujer  Megara, sus tres hijos y dos de sus sobrinos en un ataque de locura provocado por Hera.


Pero vamos ya a los resultados concretos del estudio. La muestra son 62 casos de filicidio por venganza de 9 países de los que 10 proceden de la práctica psiquiátrica forense de los autores y otros 52 son casos publicados de los que hay buena documentación sobre los motivos: documentos y transcripciones de los juicios, informes policiales, confesiones de los autores en notas o declaraciones, información sobre las condenas, etc., todo ello de fuentes fiables. 


La edad media de los perpetradores fue 36,5 años y en cuanto al sexo, 33 (53%) de los perpetradores fueron hombres y 29 (47%) mujeres. En cuanto a la presencia de trastornos psiquiátricos, 35 (56%) tenían algún trastorno mental activo de algún tipo. El diagnóstico más frecuente fue el de algún tipo de trastorno de personalidad en 21 (34%) especialmente trastorno antisocial de personalidad que estuvo presente en siete (33%) de los que tenían trastorno de personalidad. El siguiente diagnóstico más frecuente fue depresión que se encontró en 13 (21%) de los perpetradores. Dos de estos casos fueron depresiones post-parto. Esto fue seguido de 6 (10%) que tenían un trastorno por uso de sustancias, dos (3%) con un trastorno de ansiedad, uno con trastorno esquizoafectivo y otro con trastorno por ideas delirantes (celotipias) y otro con Trastorno Bipolar.


Se revisó si había historia de perpetración de violencia de pareja previa al filicidio y se documentó en 22 (35%) de la muestra: 55% de los hombres (18 de 33) y 14% de las mujeres (4 de 29). En 33 casos (53%) los padres estaban todavía legalmente casados, aunque estaban teniendo serios problemas matrimoniales o en proceso de divorcio. En 4 (6%) los padres estaban en una relación sin estar casados y también tenían serios problemas de pareja. En 12 (19%) los padres se habían divorciado y en 13 (21%) unos padres que no habían estado casados se habían separado.


En cuanto a las víctimas, la edad media de los 101 niños fue 6,1 años. 54 (53%) eran varones y 47 (47%) mujeres. En 50% de los casos (31 de 62) sólo fue asesinado un niño y en la otra mitad fueron asesinados más de uno (rango de 2-4). Las categorías de edad de los niños fueron:

-menos de un año: 9 (9%)

-1-2 años: 14 (14%)

-3-5 años: 35 (35%)

-6-12 años: 31 (31%)

-13-17 años: 9 (9%)

-mayores de 18 años: 3 (3%)


El método utilizado con más frecuencia fue la asfixia y los autores señalan que algunos padres mostraron conductas que pueden tal vez considerarse compasivas como drogar primero a los niños o engañarles de diversas maneras para que no fueran conscientes de lo que les esperaba (aviso de que alguno de los casos que se describen en el artículo son terribles por su crueldad).


En cuanto a la causa del motivo de la venganza los autores diferencian cuatro grupos principales:


1- La razón más frecuente, encontrada en 24 casos (39%), fue que el perpetrador/a había sido abandonado o rechazado por su pareja. Lo llamaron el tipo Rechazo.


2- El segundo tipo más frecuente, en contrato en 20 casos (32%) fue la disputa sobe la custodia o sobre el régimen de visitas. A veces esto implicaba el miedo o amenaza de no volver a ver a los hijos, justificado o no,  y con frecuencia implicaba una acalorada batalla en los juzgados. A este tipo lo llamaron Disputa Custodia/Visitas.


3- En 11 casos (18%) el perpetrador/a buscó venganza debido a la creencia de que su pareja había sido infiel o a que su pareja actual o anterior había encontrado otra pareja e iba a ser abandonado. Como aquí los celos era la emoción principal se categorizó como tipo Infidelidad/Celos.


4- Por último, en 7 casos (11%) los asesinatos por venganza estaban motivados por una intensa discusión o por un conflicto en curso y este último tipo se denominó Discusión/Conflicto


El trabajo estudia también la conducta de los perpetradores después del asesinato. Refieren los autores: “En el período posterior al delito, un total de 39 (63%) agresores tuvieron un comportamiento suicida, y 20 de ellos (32% de toda la muestra de 62) se suicidaron. Así, aproximadamente la mitad (51%) de estos intentos de suicidio fueron mortales. Los hombres y las mujeres tenían aproximadamente la misma probabilidad de intentar suicidarse (el 66% de las mujeres y el 61% de los hombres de toda la muestra). Sin embargo, los hombres eran mucho más propensos a completar el suicidio. En total, el 42% (n = 14) de los agresores masculinos que tuvieron un comportamiento suicida murieron como resultado, una tasa de finalización del 70%. En comparación, el 21% (n = 6) de los agresores femeninos que lo hicieron murieron, una tasa de finalización del 32%. El porcentaje de hombres y mujeres que utilizaron un arma de fuego para suicidarse fue esencialmente el mismo, 64% (9/14) y 66% (4/6), respectivamente. Cabe destacar que todos los hombres y mujeres que murieron por heridas de bala autoinfligidas eran casos estadounidenses”.


Con respecto a las condenas judiciales, de los 40 perpetradores supervivientes 39 fueron considerados culpables y condenados. La mayoría (n=24, 62%) recibió una (o más) pena de cadena perpetua. Ocho (21%) recibieron penas de 5 a 30 años. Cinco fueron sentenciados a pena capital (todos en USA). En 4 casos se alegó defensa por enfermedad mental, 3 de una disminución de responsabilidad y una de inocente por trastorno mental pero sólo se aceptó en un caso la responsabilidad disminuida y recibió una condena reducida de 16 años de cárcel. 


Ningún estudio es perfecto y todos tienen problemas y limitaciones. El principal problema de este estudio es que la muestra no es necesariamente representativa de la población general. Los autores han seleccionado una muestra accesible para ellos y los casos que ellos han estudiado puede que no sean iguales a los que no han estudiado. Se suele llamar a esto una muestra de conveniencia. Para que la muestra fuera representativa de la población general debería ser una muestra aleatoria extraída de esa población. Esto no es posible en un evento tan raro como el filicidio por venganza. La solución es que hubiera un registro de filicidios con datos como edad de perpetradores y víctima, sexo, motivos, etc. Esto no está disponible en la mayoría de los países, ni siquiera en los países occidentales más avanzados. Por ejemplo, no existe en España aunque parece que la Ley de Infancia preve crear dicho registro. Este problema de ausencia de datos lo destaca, por ejemplo, uno de los estudios de homicidios de niños más completo a nivel mundial, el de Stöckl y cols de 2017:


“La escasa disponibilidad de datos sobre las relaciones víctima-perpetrador de los homicidios de niños en muchas regiones, incluso en países con sistemas de vigilancia de homicidios bien establecidos, es preocupante”.


La contrapartida es que los datos de esta muestra están muy bien documentados y son más amplios y detallados de lo que es habitual en un registro básico de homicidios. Otras dos limitaciones del estudio serían que la presencia de enfermedad mental puede estar subestimada, al fallecer el perpetrador y no poder examinado así como por la probable ausencia de datos clínicos previos. La segunda es que la presencia de violencia de pareja puede estar también subestimada porque no se denuncia en muchas ocasiones. Finalizo con el último apartado del artículo:


“DIRECCIONES FUTURAS Y CONCLUSIÓN


Los clínicos, el personal de protección de menores, los profesionales del derecho y los agentes de la ley que interactúan con los padres implicados en relaciones agrias y deterioradas, en divorcios muy conflictivos o en disputas por la custodia o las visitas deben ser conscientes del riesgo de filicidio por venganza como posible resultado, especialmente cuando las intervenciones terapéuticas son escasas o ineficaces. No se debe subestimar hasta dónde puede llegar una parte profundamente agraviada en cualquiera de estos escenarios para vengar lo que percibe como maltrato por parte de su pareja o ex pareja infiel, rechazadora o litigante. Sobre la base de los presentes hallazgos, aunque preliminares, parece que el riesgo de filicidio por venganza aumenta significativamente cuando existe la presencia de un trastorno de la personalidad en una o ambas partes, un historial de violencia de pareja, odio o celos intensos hacia el otro progenitor tras la ruptura matrimonial o de la relación, infidelidad y/o guerra en los tribunales de familia. Es necesario seguir investigando sobre el filicidio por venganza para comprender mejor los factores que contribuyen a él, mejorar la detección y las medidas preventivas, y fundamentar la toma de decisiones legales”.



@pitiklinov



Referencias:


COMPANY FERNANDEZ, Alba; ROMO, Julieta; PAJON, Laura  and  ANGEL SORIA, Miguel. Filicidio, infanticidio y neonaticidio: estudio descriptivo de la situaciónen España entre los años 2000-2010. Rev. Crim. [online]. 2015, vol.57, n.3 [cited  2021-06-19], pp.91-102. Available from: <https://ift.tt/3gHsP1K>. ISSN 1794-3108.

https://ift.tt/3zB9rMl


Myers, W.C., Lee, E., Montplaisir, R., Lazarou, E., Safarik, M., Chan, H.C.(. and Beauregard, E. (2021), Revenge filicide: An international perspective through 62 cases. Behav Sci Law, 39: 205-215. https://doi.org/10.1002/bsl.2505


Resnick, P. J. (1969). Child murder by parents: A psychiatric review of filicide. American Journal of Psychiatry, 126, 325–334.


Stöckl H, Dekel B, Morris-Gehring A, Watts C, Abrahams N. Child homicide perpetrators worldwide: a systematic review. BMJ Paediatr Open. 2017 Aug 11;1(1):e000112. doi: 10.1136/bmjpo-2017-000112. PMID: 29637138; PMCID: PMC5862181.








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sábado, 3 de abril de 2021

Neurociencias. El Patriarcado No Existe Más


"A todos los que tienen el coraje intelectual de hablar en público sobre temas controvertidos como los que se abordan aquí, y a los que se atreverán en el futuro.”

-Dedicatoria de Roxana en la Introducción.




En el blog he comentado algunos libros que critican al denominado feminismo hegemónico como el de Desmontando el Feminismo Hegemónico, coordinado por Irune Ariño, Refutación del Feminismo Radical, de Javier de la Puerta o Deshumanizando al Varón, de Daniel Jimenez. Otro libro muy recomendable es Lo Sexual es Político (y Jurídico), de Pablo de Lora.


En esta ocasión hago una breve reseña de El Patriarcado No Existe Más, de Roxana Kreimer. Roxana es licenciada en Filosofía y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y éste es su séptimo libro habiéndose convertido en los últimos años en una referente de la disidencia dentro del feminismo muy activa en redes sociales y en su canal de Youtube. Una diferencia del libro de Roxana con los anteriormente comentados es el gran abanico de temas que trata, lo que le convierte en una especie de enciclopedia crítica del feminismo hegemónico: las bases biológicas de las diferencias entre hombres y mujeres, la selección sexual, la brecha de género, el techo de cristal, la violencia contra las mujeres, las denuncias falsas, las desventajas que padecen los hombres, la agenda pendiente del feminismo, etc. Además lo hace con abundante bibliografía y muy actualizada lo que da idea del gran trabajo invertido en la creación del libro. 


La propia Roxana explica en la introducción cómo llegó a implicarse en esta disidencia con respecto al feminismo hegemónico:


“Llegué a la problemática de género desde el escepticismo, que en su variante contemporánea es una perspectiva frente al conocimiento que requiere dudar de toda la información que no esté sustentada en la evidencia. Investigaba en el marco de la filosofía experimental, una corriente de la filosofía que nació en el siglo XXI como una interdisciplina que aplica los métodos de la psicología experimental a temas vinculados con la filosofía. Estaba consagrada al estudio de por qué las mujeres creen más en Dios y en las pseudociencias en general, al de la diversidad de género en el juicio moral y en los chistes que les causan gracia a hombres y mujeres, cuando co- mencé a toparme con información que provenía del feminismo. En un primer momento advertí que tiene una perspectiva constructivista por la cual atribuye enteramente las diferencias de sexo a la socialización. Esto constituye un problema porque, para averiguar si vivimos en un patriarcado, primero necesitamos tener un buen marco interpretativo de la evolución de la vida humana. Ignorarlo lleva al feminismo hegemónico a serios errores en los diagnósticos que formula, no porque la biología nos determine, ya que interactúa con la cultura, sino porque el reduccionismo sociológico es tan peligroso como el reduccionismo biológico al ofrecernos una visión muy parcial de los fenómenos a ser examinados. Como carece por completo de una perspectiva biológica y evolucionista, en sus desarrollos teóricos el feminismo hegemónico ignora buena parte de los adelantos científicos de las últimas décadas, y las contadas veces que apela a alguno de ellos, lo hace en forma sesgada.”


Como siempre que se habla de feminismo, nos encontramos con el problema de las definiciones y de las delimitaciones de categorías y corrientes dentro del mismo. Roxana explica a qué se refiere con el término hegemónico:


“Soy consciente de que no hay un solo feminismo, de que no se trata de una doctrina ni de un movimiento político unitario y  coherente. No obstante, englobo a los feminismos existentes en el término hegemónico, considerándolos uno sólo, a partir de elementos en común que encuentro decisivos para el diagnóstico de las problemáticas de género:


  1. Carece de una perspectiva científicamente informada porque ignora el impacto que tuvo la evolución en el cerebro de hombres y mujeres y, si lo toma en cuenta, lo hace sin convocar bibliografía reciente y mediante prejuicios infundados.
  2. Su encuadre es posmoderno, de modo que en general no cree que haya una cosa más verdadera que al otra, y abreva en autoras de escritura inútilmente enrevesada como Judith Butler.
  3. Funda parte de su teoría en una pseudociencia como el psicoanálisis y en teóricos que manejan datos sesgados o que no están respaldados por la evidencia…
  4. No está abierto al debate: desarrolla una actitud intolerante o indiferente cuando se cuestionan sus ideas.
  5. Ignora que los varones también padecen sexismo y desventajas, y cuando se anoticia de ello minimiza su impacto.
  6. Cultiva un victimismo que trata a la mujer como una eterna menor de edad.
  7. Quiebra principios constitucionales como la igualdad ante la ley, el principio de legalidad o la presunción de inocencia. 
  8. Considera que todas las mujeres están subordinadas, son explotadas y padecen un sexismo estructural, con independencia de su ubicación social, cultural o económica.
  9. Es corporativo: si hombres y mujeres padecen el mismo problema en igual medida, destaca sólo las desventajas de las mujeres.



El planteamiento de El Patriarcado No Existe Más y de la labor de Roxana en general es abordar los temas con una perspectiva científicamente informada: 


“Ante la imposibilidad de diálogo con el feminismo hegemónico, a mediados de 2017 emprendí el proyecto Feminismo Científico en Twitter con @feminisciencia que en pocos meses alcanzó una amplia repercusión en el mundo hispanoparlante, @feminiscience, su versión en inglés, la página Feminismo Científico en Facebook y el sitio web https://ift.tt/2JJV0M8. El propósito fue el de conocer y divulgar las diferencias entre hombres y mujeres sobre la base de la evidencia científica para formular mejores diagnósticos sobre las problemáticas de género y sugerir soluciones adecuadas para ellas.”


Bueno, este es el enfoque de Roxana y le toca al lector juzgar si lo consigue. Sin duda, abordar estos temas dada la situación actual en nuestra cultura hace que El Patriarcado No Existe Más sea visto seguramente como un libro controvertido. Pero, como dice la cita de cabecera, es importante -y es algo que debemos celebrar y agradecer- que existan personas valientes como Roxana que se atreven a lanzar botellas al mar como El Patriarcado No Existe Más:


“Todo libro es una botella al mar, e imagino que esta botella la pueden rescatar quienes lean con la predisposición filosófica de abrirse a nuevas hipótesis, sin aceptar ninguna sin evidencia suficiente, avanzando aún cuando algunos pasajes susciten extrañeza o desacuerdo, en un diálogo con ideas previas que podría mejorar su entendimiento de las particularidades de hombres y mujeres, de su vida y de la sociedad en su conjunto. La verdad no es sexista: si queremos cambiar el mundo, primero deberemos comprenderlo.”


@pitiklinov




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viernes, 19 de marzo de 2021

Neurociencias. Una breve historia del Movimiento de la Justicia Social


Esta entrada va a resultar un poco densa así que primero voy a intentar convencerte de que merece la pena el tiempo y el esfuerzo de leerla. Si queremos entender nuestro mundo moral actual y muchas cosas que están ocurriendo, como que se despida a un trabajador por un tuit, que se ataque a una chica por usar una prenda de vestir de origen asiático, que los colectivos feministas no critiquen la discriminación y restricción de derechos que sufren las mujeres en otras culturas (o que respondan dentro de la misma cultura a las agresiones sexuales de forma diferente dependiendo de la identidad de los autores), que la izquierda y la derecha no puedan ni debatir, que a un empleado de Google le despidan por hacen una memo intentado explicar por qué hay menos mujeres en carreras STEM, que se impida a los académicos e intelectuales dar charlas en las universidades, que la ley trans esté enfrentando a una fracción del feminismo contra otra, que ser “ciego a la raza” (es decir, estar de acuerdo con las opiniones de Martin Luther King Jr., que decía que había que juzgar a las personas por su carácter y no por su raza ) es ahora racismo, que la libertad de expresión -un pilar fundamental de las sociedades democráticas- sea ahora una idea de derechas etc, etc., tenemos que saber algo sobre el movimiento o ideología llamado Teoría Crítica de la Justicia Social, Teoría de la Justicia Social o Justicia Social a secas, movimiento para el que también se usa coloquialmente los términos woke y wokismo. 


Woke -del verbo to wake: despertar- es un término de origen afroamericano. Se refiere a haber despertado y tomado conciencia de los problemas de racismo (inicialmente) y luego de sexismo e injusticia en la sociedad en general, cuyo uso generalizado es resultado del movimiento Black Lives Matter y su hashtag “#stay woke” en 2014. Aunque su utilización se puede trazar hasta los años 40 del siglo pasado, se admite que aparece con su uso moderno por primera vez en la canción "Master Teacher" del álbum New Amerykah Part One (4ª Guerra Mundial) (2008) de la cantante de soul Erykah Badu, donde repite en el estribillo “I stay woke”. Estar despierto (stay woke) quiere decir ser consciente de lo que ocurre en la comunidad, de la supremacía blanca, no creerse las explicaciones oficiales para la violencia policial, un estado de paranoia sana, de estar vigilante, acerca de los problemas de justicia política y racial y de la disposición a hacer algo al respecto. La propia Erykah Badu usa la expresión Stay Woke en un tuit de 2012. En 2017 se incluye en el Oxford English Dictionary con el significado de “alerta ante la discriminación racial y social y la injusticia”. Posteriormente se extendió tanto su uso que se diluyó su significado original, se convirtió en un meme, en objeto de bromas y se empezó a hacer un uso irónico de la expresión de modo que empezó a ser utilizada más de forma peyorativa por los críticos del movimiento de la Justicia Social y la derecha política para referirse de forma global a las políticas de identidad, a la Justicia Social, a la corrección política y en general a toda la ideología progresista de la izquierda. Todavía hay activistas afroamericanos que la usan pero en su mayoría han abandonado su uso.


Estamos asistiendo a un momento histórico en el desarrollo de las sociedades occidentales en el que el sistema operativo con el que funcionaba nuestra cultura, el Liberalismo, se está cambiando por otro sistema operativo, la Justicia Social y es una incógnita si la sociedad será capaz de funcionar con ese sistema operativo o colapsará. Este cambio de sistema operativo se ha iniciado en la anglosfera (EEUU, Canadá, Reino Unido y Australia) y todavía no ha afectado de pleno a los países de lengua hispana o de otros idiomas, pero todo indica que el impacto va a llegar dada su contagiosidad.


Esta entrada es un pequeño resumen del libro Cynical Theories, de Helen Pluckrose y James Lindsay en el que voy a intentar sintetizar la evolución de este movimiento. Tenéis que entender que es la simplificación de una simplificación. Pretender resumir en un libro todas las ideas y teorías de cientos de autores, muchas de las cuales son contradictorias entre sí y han ido cambiando en las distintas épocas, y crear con ello un relato mínimamente coherente es una tarea muy compleja. Y luego intentar resumir ese libro en una entrada de blog pues ni te cuento…Pero la tarea merece la pena así que vamos allá.


Durante la era moderna y en particular los dos últimos siglos, hemos vivido en la mayoría de países occidentales bajo una filosofía política conocida como “liberalismo”. Los principios esenciales del liberalismo son la democracia política, las limitaciones del poder del gobierno, el desarrollo de los derechos humanos universales, la igualdad legal para todos los ciudadanos adultos, la libertad de expresión, el respeto a los valores  de la diversidad de puntos de vista y del debate honesto, el respeto por la evidencia científica y la razón, la separación entre la Iglesia y el Estado y la libertad de religión. Esta posición filosófica es compatible con un amplio abanico de posturas políticas, económicas y sociales incluyendo tanto las de izquierda o progresistas como las de derechas o conservadoras. Ese liberalismo filosófico se opone a movimientos autoritarios de todo tipo, sean de la derecha o de la izquierda y sean seculares o teocráticos. Este liberalismo se puede entender como un terreno común, un marco de referencia para la resolución de conflictos en el que personas con diferentes puntos de vista económicos, sociales y políticos pueden racionalmente debatir las opciones de política pública. 


Sin embargo, estamos en un momento histórico en el que este liberalismo y la modernidad que se encuentra en el corazón de la civilización occidental están amenazados. La naturaleza precisa de esta amenaza es complicada y procede de dos tipos de fuerzas, una revolucionaria y otra reaccionaria. Por un lado, están proliferando movimientos de extrema derecha que buscan dictadores y hombres fuertes que defiendan los valores occidentales. Por otro lado, en la extrema izquierda, los cruzados progresistas sociales se presentan como los únicos campeones del progreso moral sin los que la democracia estaría vacía.  La extrema izquierda no sólo promueve su causa por medio de objetivos revolucionarios que abiertamente rechazan el liberalismo como una forma de opresión, sino que lo hacen también con actitudes crecientemente autoritarias buscando establecer una ideología fundamentalista dogmática con respecto a cómo debe ser organizada la sociedad. Cada bando de esta batalla ve al otro como una amenaza existencial de manera que lleva al otro a una mayor locura y radicalización. Aunque el problema de la derecha es muy grave y digno de análisis, el libro que  voy a intentar resumir se ocupa del problema en la izquierda, una izquierda que se ha alejado de su lugar histórico dentro del liberalismo. La izquierda se ha aliado no con el modernismo sino con el posmodernismo, que rechaza la verdad objetiva, y Helen Pluckrose y James Lindsay llevan mucho tiempo leyendo, analizando y explicando a la ciudadanía esta nueva ideología de la izquierda.


En este libro, Pluckrose y Lindsay analizan la evolución del posmodernismo - en el que distinguen tres etapas- hasta llegar a una ideología que se encuentra entre las menos tolerantes y más totalitarias a las que se ha tenido que enfrentar el mundo. ¿De qué ideología o movimiento estamos hablando? Bueno, el tema de las definiciones siempre es complicado pero el eje fundamental de este movimiento es la justicia social por lo que el propio movimiento se suele referir a su ideología como Justicia Social y ha llegado a ser conocido como Movimiento de la Justicia Social o Teoría de la Justicia Social. También se le conoce como wokismo (wokeism) como decía, aunque éste es un término que cada vez usan más sus detractores. Esta ideología se expresa e influencia a la sociedad de diferentes maneras: Políticas de Identidad (identity politics), Corrección Política, Cultura de la Cancelación, Feminismo y Estudios de Género, Teoría Crítica de la Raza, Interseccionalidad, Teoría Queer, estudios sobre Obesidad (Fat studies) y Discapacidades, Teoría Post-colonial…Todas estas diferentes teorías están obsesionadas con el poder, el lenguaje, el conocimiento y la relación entre ellos; analizan las dinámicas de poder de cada interacción, se centran en detectar agravios y contempla todo como un juego de suma cera que gira alrededor de marcadores de identidad como la raza, el sexo, el género, la sexualidad y otros. 


En esencia, el posmodernismo rechazó todas las metanarrativas (amplias explicaciones del mundo y de la sociedad) previas, como el Cristianismo y el Marxismo. También rechazó la ciencia, la razón y los pilares posteriores a la Ilustración de las democracias occidentales. Las ideas posmodernas han dado lugar a lo que se suele llamar Teoría, a secas, que es la protagonista de este libro. Me voy a centrar en cómo ha evolucionado esta teoría a lo largo de sus tres etapas principales. Lo que plantean los autores (y no son los únicos en haber llegado a esa conclusión) es que no es ninguna exageración afirmar que, en su encarnación actual, la Justicia Social se ha convertido en una nueva religión, una tradición de fe que es hostil a la razón, a la falsificación, al desacuerdo de cualquier tipo y que se cree en posesión de la verdad, la verdad según la Justicia Social. Pero de la Justicia Social como religión hablaremos en otra entrada, hoy vamos a ver su historia. Como digo, dejaré fuera diferentes teorías específicas dentro de esta Teoría general, como los estudios postcoloniales, la teoría queer, etc., que en el libro tienen sus propios capítulos, por razones de espacio. 


Sí voy a definir someramente la Interseccionalidad porque es un concepto central al que me referiré aunque sea de pasada. El origen del término se atribuye a la activista y académica Kimberlé Crenshaw y consiste en que a la hora de analizar la desigualdad y la organización de poder en una sociedad se entiende mejor como derivada no de un único eje (sea la raza, el sexo o la clase) sino como resultado de muchos ejes que trabajan de forma conjunta y se influyen mutuamente. Crenshaw pone el ejemplo de una persona en un cruce que puede ser atropellada por coches provenientes de cualquier dirección o de las dos al mismo tiempo. Una persona marginada puede ser incapaz de decir cuál de sus identidades está siendo discriminada en un momento concreto. Crenshaw plantea que legislación dirigida a prevenir la discriminación por razones de raza o de género es insuficiente para abordar este problema. Por ejemplo, una empresa podría estar contratando a mujeres blancas y a hombres negros pero aún así seguiría discriminando a las mujeres negras. Las mujeres negras experimenta formas únicas de discriminación que no experimentan ni las mujeres blancas ni los hombres negros.


             Primera Etapa. Posmodernismo original (años 1960-1970). 


En los años 60 del siglo pasado tuvo lugar un cambio fundamental en el pensamiento humano, un cambio asociado a autores como Michel Foucault, Jacques Derrida, Jean-François Lyotard y otros, el posmodernismo. Es difícil de definir pero representa una serie de ideas y formas de pensar que surgieron como respuesta a las condiciones históricas, a la desilusión por las Guerras Mundiales, por el Marxismo y por la Modernidad en su conjunto. Se caracteriza por un pesimismo acerca de todo el proyecto de la Ilustración y un escepticismo y rechazo de todas las metanarrativas previas (marxismo, cristianismo, liberalismo…) incluyendo un escepticismo acerca de la realidad objetiva, de la posibilidad de obtener conocimiento (se difumina la frontera entre lo objetivo y lo subjetivo, se impone el relativismo…), suspicacia hacia la razón, la percepción de que el lenguaje es el que construye el conocimiento y un interés por el papel que juega el poder en todo ello. Las primeras manifestaciones del posmodernismo fueron artísticas y aparecen hacia 1940 pero en los años 60 pasan a las humanidades y las ciencias sociales incluyendo el psicoanálisis, la lingüística, la filosofía, la historia y la sociología. 


Resumiendo todos estos temas, podemos decir que el posmodernismo implica dos principios fundamentales que sustentan cuatro temas principales. Los principios son:


El principio posmoderno del conocimiento: un escepticismo radical acerca de si el conocimiento objetivo y al verdad son posibles y un compromiso con el constructivismo cultural.


El principio político posmoderno: La creencia de que la sociedad está formada por sistemas de poder y jerarquías, que deciden lo que puede ser conocido y cómo.


Y los cuatro temas esenciales son:


1-La difuminación de los límites

2-El poder del lenguaje

3-El relativismo cultural

4-La pérdida del individuo y de la universalidad.


Vamos a ver cada elemento a continuación:


El Principio Posmoderno del conocimiento


El posmodernismo se define por un escepticismo radical acerca de la accesibilidad de la verdad objetiva. En lugar de ver la verdad objetiva como algo que existe y que puede ser conocido por medio de la experimentación y la falsificación -como creía la Ilustración, el modernismo y la ciencia- el posmodernismo plantea que estamos limitados en nuestra capacidad de conocer y que debemos expresar el conocimiento por medio del lenguaje, conceptos y categorías por lo que toda afirmación acerca de la verdad son construcciones cargada de valor producidas por la cultura. Esto es lo que se llama constructivismo cultural o social. El método científico no se ve como un método de producir y legitimar conocimiento mejor que cualquier otro, sino como un acercamiento cultural entre muchos, tan corrupto y sesgado como cualquier otro.


Foucault estaba especialmente interesado en las relaciones  entre el lenguaje o, más en concreto, los discursos (las formas de hablar acerca de algo), la producción de conocimiento  y el poder. Para Foucault, una afirmación revela no sólo información sino también las reglas y condiciones de un discurso que son las que determinan la construcción de afirmaciones acerca de la verdad y el conocimiento. Los discursos dominantes son extremadamente poderosos porque determinan lo que puede ser considerado verdadero, y por tanto aplicable, en un determinado tiempo y lugar. Por tanto, el poder sociopolítico es en último término el que determina lo que es verdad y no la correspondencia con la realidad. Foucault estaba tan interesado en cómo el poder influencia lo que es considerado conocimiento que en 1981 acuñó el término “poder-conocimiento” para reflejar el vínculo inextricable entre los discursos poderosos y lo que se conoce. Llamó al conjunto de ideas y valores dominantes un episteme porque modela cómo identificamos e interactuamos con el conocimiento. Foucault adoptó la posición de que no hay principios fundamentales para descubrir la verdad y que todo conocimiento es “local” para el conocedor; no negaba que la realidad existiera sino que dudaba de la capacidad humana de trascender nuestros sesgos culturales para llegar a ella.


Al escepticismo posmoderno se le suele llamar escepticismo radical y dice que todo el conocimiento es construido y que lo que es interesante es teorizar  acerca de por qué el conocimiento fue construido de esa manera. Este escepticismo es diferente del escepticismo científico que caracterizaba a la Ilustración, la duda razonable acerca de la capacidad de conocer y de cómo podemos estar seguros de la verdad de lo que investigamos. Para el posmodernismo, la ciencia es incapaz de distinguir lo que es verdad. El razonamiento científico es una metanarrativa y el posmodernismo es radicalmente escéptico de todas estas explicaciones. En el posmodernismo lo que se conoce se conoce sólo dentro del paradigma cultura que produce  ese conocimiento y es por tanto representativo de ese sistema de poder. Como consecuencia de ello, el posmodernismo contempla el conocimiento como provincial e intrínsecamente político. Lyotard también caracterizó al posmodernismo como escepticismo hacia las metanarrativas. 


Por supuesto, el escepticismo acerca de nuestra posibilidad de conocer es muy sensato y los filósofos lo llevan tratando desde el inicio de los tiempos. Y por supuesto que el escepticismo científico que consiste en hacer hipótesis y ponerlas a prueba a ver si se sostienen es muy imperfecto; se suele decir que la ciencia se autocorrige pero muchas veces lo hace tarde, mal y nunca…tienen mucha razón los posmodernistas en todo ello. Pero otra cosa es tirar el niño con el agua sucia, como dicen los anglosajones: los aviones vuelan y la ciencia con la que vuelan es la misma en todas partes, no existe una ciencia belga o una ciencia budista y los aviones no vuelan de una manera en Bélgica y de otra en la India; y supongo que cuando tienen una infección grave, también los posmodernistas toman antibióticos, que parecen funcionar en todas las culturas.


El principio político posmoderno


La negación de un conocimiento objetivo va unida en el posmodernismo a la preocupación por el poder. Poder y conocimiento están estrechamente unidos y Foucault hablaba de poder-conocimiento. Lyotard también describe una interpelación estricta entre el lenguaje de la ciencia y el de la política y la ética.  Para el posmodernismo el poder decide no sólo lo que es correcto sino también lo que es moralmente bueno, el poder implica dominación y opresión. Los poderosos han organizado la sociedad de una forma que les beneficia y perpetúa su poder. Hacen esto legitimando ciertas formas de hablar acerca de las cosas como verdaderas, que se difunden por la sociedad creando reglas sociales que se ven como de sentido común y se perpetúan a todos los niveles. Pero en el posmodernismo el poder no se ejerce de una forma directa y visible desde arriba, como por ejemplo en el marco de referencia marxista, sino que permea  todos los niveles de la sociedad y es aplicado por todos por medio de las interacciones rutinarias, expectativas, condicionamientos sociales y discursos construidos que expresan una determinada visión del mundo. Es importante señalar que es el sistema social y su dinámica de poder inherente lo que es la causa de la opresión y no necesariamente agentes individuales con voluntad propia. Una sociedad puede ser opresiva sin que ningún individuo perteneciente a ella sostenga un punto de vista opresivo.


Los posmodernistas no ven necesariamente el sistema de opresión como resultado de una conspiración patriarcal, supremacista blanca o heteronormativa conscientemente coordinada. Más bien, lo ven como el resultado inevitable de sistemas que se autoperpetúan y privilegian a unos grupos sobre otros, o sea, como una conspiración inconsciente o no coordinada inherente a los sistemas de poder. Fuerzas poderosas ordenan la sociedad en categorías y jerarquías que sirven a sus propios intereses. La ciencia también ha sido organizada para servir a los intereses de los poderosos. 


De nuevo, el posmodernismo tiene mucha razón en estos planteamientos que no son tampoco nuevos. La revolución francesa, la revolución rusa, la batalla contra la hegemonía de la Iglesia católica y tantos otros ejemplos de lucha contra sistemas opresivos de poder y jerarquías así lo atestiguan. Y es innegable que se ha ido produciendo un progreso por medio del liberalismo filosófico y político del que hablamos al principio, aunque evidentemente, imperfecto y mejorable. 


Este escepticismo generalizado acerca de la verdad y el conocimiento y la postura de considerar que ambos son culturalmente construidos conduce a la preocupación por cuatro temas fundamentales.


La Difuminación de los límites


El posmodernismo desconfía de todos los límites y categorías que los pensadores anteriores han considerado como verdad: los límites entre objetivo y subjetivo, entre ciencias y artes, entre verdad y creencia, lo natural y lo artificial, el hombre y otros animales, salud y enfermedad…Prácticamente toda categoría social ha sido “problematizada” por los posmodernistas para negarles una validez objetiva e interrumpir los sistemas de poder que podrían existir detrás de ellas.


El Poder del lenguaje


Bajo el posmodernismo, muchas ideas que habían sido consideradas como objetivamente verdaderas se ven como meras construcciones del lenguaje. Foucault se refiere a ellas como “discursos” que construyen conocimiento. Lyotard habla de “juegos del lenguaje” que legitiman conocimientos. El lenguaje tiene un enorme poder para controlar la sociedad y se ve como inherentemente peligroso. Esta obsesión por el lenguaje es un elemento central en el posmodernismo, especialmente en Derrida que introduce el concepto de “deconstrucción”. Derrida rechaza la idea de que las palabras se refieren a cosas en el mundo real  e insiste en que las palabras se refieren solo a otras palabras y a las maneras en que difieren entre sí formando cadenas de significantes que pueden ir en todas las direcciones sin un ancla, lo que sería el significado de su frase: “no hay nada (ningún significado) fuera del texto”. Para Derrida, el significado es siempre relacional y existe solo en relación al discurso en el que se encuentra inscrito. Esto significa que el lenguaje no puede representar la realidad o comunicarla a los demás. 


Entendido así, el lenguaje opera jerárquicamente por medio de binarios. Por ejemplo, “hombre” se define por oposición a “mujer” y se considera superior. Tampoco, para Derrida, el sentido que le da el hablante no tiene mayor autoridad que el que le da el oyente, es decir, la intención del que habla no se tiene en cuenta, no hay espacio para que mi ofensa se deba a un malentendido por mi parte de lo que dice el hablante, las intenciones del autor son irrelevantes. La consecuencia de todo esto es que se considera que los discursos crean y mantienen la opresión y que deben ser cuidadosamente monitorizados y deconstruidos.


Relativismo cultural


Dado que en la teoría posmodernista la verdad y el conocimiento se cree que son construidos por  los discursos dominantes y los juegos de lenguaje que operan en una sociedad, y dado que no podemos salirnos de nuestro sistema de categorías  y no tenemos un punto de vista objetivo para examinarlos, no podemos decir que ningún conjunto de normas culturales es mejor que ningún otro. Para los modernistas, es imposible hacer una crítica  de los valores y la ética de una cultura desde otra cultura, dado que cada cultura opera bajo diferentes conocimientos y habla sólo desde sus propios sesgos. Toda crítica de este tipo es errónea o incluso una infracción moral porque presupone que la propia cultura es objetivamente superior.  Además, dentro de una determinada cultura, los discursos que uno puede usar dependen de la posición que tenga uno en el sistema por lo que las críticas se aceptan o no según el estatus del que la haga. En particular, la crítica desde una posición considerada de poder es desechada  porque se asume que o bien ignora las realidades de la opresión, por definición, o bien es un intento cínico de servir a los intereses de la persona que critica. La creencia posmodernista de que los individuos son vehículos de los discursos de poder, dependiendo de su posición en el sistema de poder, hace que la crítica sea imposible excepto para aquellos que se teoriza que son marginalizados u oprimidos.


La Pérdida de lo individual y lo universal


Para la teoría posmodernista la noción del individuo autónomo es básicamente un mito. El individuo, como todo lo demás, es  un producto de los discursos poderosos y del conocimiento culturalmente construido. De la misma manera, el concepto de algo universal -sea por ejemplo un universal biológico acerca de la naturaleza humana; o una ética universal, como igualdad de derechos, libertades y oportunidades para todos los individuos independientemente de su clase, raza, género o sexualidad- es, en el mejor de los casos, ingenuo. En el peor de los casos sería otro ejercicio de poder-conocimiento, un intento de aplicar discursos dominantes a todo el mundo. El punto de vista posmoderno rechaza la unidad más pequeña de la sociedad (el individuo) así como la más grande (la humanidad) y se centra por contra en grupos pequeños, locales, como productores de conocimiento, valores y discursos. El posmodernismo se centra en grupos de personas que se entiende que están posicionados de la misma manera según la raza, el sexo o la clase, por ejemplo- y que se supone que tienen las mismas experiencias y percepciones debido a su posicionamiento. 



Segunda Etapa. Posmodermismo aplicado (años 1980-1990)


Hemos visto una primera etapa en la que el posmodernismo se desilusiona con las metanarrativas previas, las pone en cuestión con su escepticismo radical y llega a una postura bastante pesimista según la cual no nos es posible conocer y no hay una verdad objetiva. Este periodo de deconstrucción llega hasta los años 80 y ahí se agota. A partir de ese momento toman el relevo nuevos teóricos que tienen el objetivo de aplicar el modernismo a la reconstrucción de un mundo mejor. La postura escéptica posmodernista según la cual lo que tú dices vale lo mismo que lo digo que yo no sirve para la acción y el activismo político. En esta época, la Teoría muta en un puñado de teorías que desgraciadamente no voy a abordar por problemas de espacio: La Teoría Queer, la Teoría Post-colonial, la Teoría Crítica de la Raza y la Interseccionalidad, El Feminismo y los estudios de Género, Los Estudios sobre Discapacidades y Obesidad (Disability and Fat Studies) y otros. Todas estas disciplinas que se vienen a llamar Academicismo de Justicia Social, Teoría de la Justicia Social parten del concepto de justicia social que proviene de los movimientos por los derechos civiles y otros movimientos progresistas  y liberales. Es una época en la que la discriminación sexual y racial en el trabajo y a todos los niveles se ha ilegalizado y donde se ha ido consiguiente una igualdad de derechos y oportunidades  a todos los niveles.


Estos teóricos que quieren cambiar el mundo toman muchas cosas del posmodernismo a nivel descriptivo, pero su escepticismo radical no les sirve ya que necesitan una verdad a la que agarrarse, como le ocurría a Descartes. Así que consideran que el hecho de que algunas identidades son privilegiadas sobre otras es real y que esta injusticia es objetivamente verdadera. Parodiando a Descartes, podríamos decir algo como “experimento opresión, luego existo y también existen la dominancia y la opresión”. Estos teóricos -que critican a los autores posmodernistas por su privilegio de ser blancos, hombres y occidentales- fusionan el posmodernismo con la Teoría Crítica, una ideología y activismo de izquierdas que proviene de los años 20 del siglo pasado, de la Escuela de Frankfurt. Y ocurre algo muy importante: que se produce una mutación moral, es decir, que pasamos del ES, al DEBE SER, es decir, de algo descriptivo a algo normativo. De una filosofía pasamos a una ideología al añadirle un componente  de mandato moral, y aquí empezamos ya a acercarnos a algo más parecido a una iglesia que a una teoría científica. 


Vuelvo a decir que estoy simplificando mucho y que todo este campo está lleno de contradicciones y complejidades. Por ejemplo, algunos académicos que trabajan de acuerdo con los principios posmodernistas (el del conocimiento y el político) menosprecian el posmodernismo. Otro caso puede ser el feminismo donde conviven corrientes muy diferentes y los estudios de género no parten del posmodernismo sino de una teoría crítica más bien marxista según la que el patriarcado occidental es una extensión del capitalismo en el que las mujeres son marginalizadas y explotadas. Foucault niega este tipo de poder de arriba hacia abajo y lo contempla más como una matriz impregnada de poder que abarca toda la sociedad, producida por los discursos. El caso es que los teóricos que establecieron la Teoría Queer siguen a Foucault y hoy vemos diferentes corrientes conviviendo en el feminismo, unas más influenciadas por el posmodernismo (el feminismo interseccional y queer) que otras (feminismo materialista). 


El resultado de toda esta evolución es un Posmodernismo aplicado, como lo llaman Pluckrose y Lindsay, que mantiene los dos principios y los cuatro temas esenciales del posmodernismo que ya hemos visto. La diferencia fundamental se da en el principio del conocimiento donde ocurre un cambio muy importante: la identidad y la opresión basada en la identidad son reales y objetivas. Las identidades son construcciones sociales pero son reales, tienen sentido y tienen consecuencias por lo que son objetivamente reales. La concepción de que la sociedad está compuesta de sistemas de poder y privilegio que construyen conocimiento se asume como objetivamente verdadera e intrínsecamente ligada a la construcción social de la identidad. La otra diferencia, como ya he comentado, es el paso de lo descriptivo (ES) a los prescriptivo (DEBE SER), el componente moral. En cuanto a los cuatro temas posmodernos (el borramiento de límites, el poder del lenguaje, el relativismo cultural y la pérdida del individuo y lo universal) se mantienen sin variaciones. El individuo en el posmodernismo aplicado viene a ser algo así como la suma total de las identidades de grupo a las que la persona en cuestión pertenece simultáneamente.


En esta fase, el posmodernismo se fragmenta en Teoría Post-Colonial, Teoría Queer, Teoría Crítica de la Raza, Feminismo Interseccional, Estudios de Discapacidades y Estudios de Obesidad (Dissability and Fat Studies), pero no vamos a abordar cada uno de ellos. 



Tercera Etapa. Posmodernismo Reificado (desde 2010 hasta la actualidad)


Reificado quiere decir aquí “convertido en algo real”. A partir de 2010, el academicismo que gira en torno a la Justicia Social y todas sus disciplinas converge  bajo la etiqueta más general de Justicia Social y Pluckrose y Lindsay lo llaman Academicismo de la Justicia Social (Social Justice Scholarship) que sería la tercera fase de todo este proyecto posmodernista. En esta fase, los académicos y activistas dan por hecha la reificación, la concreción de conceptos que habían comenzado de una manera abstracta y tentativa y admiten como verdaderos los dos principios posmodernistas: el del conocimiento y el principio político posmodernista. Como ya hemos comentado, estos principios afirman que el conocimiento objetivo es imposible, que el conocimiento es una construcción del poder y que la sociedad está compuesta de sistemas de poder y privilegio que es necesario deconstruir. Hacia 2010 todas estas ideas posmodernas se concretan en un academicismo interseccional de la Justicia Social que acepta que todo esto es verdad y describe cómo es realmente el conocimiento, el poder y las relaciones sociales humanas, es decir, que son afirmaciones verdaderas acerca de la realidad. Todo esto se convierte en una Metanarrativa, en la Verdad según la Justicia Social. 


En el academicismo de la Justicia Social leemos continuamente que el Patriarcado, la supremacía blanca, el imperialismo, la cisnormatividad, la heteronormatividad, el “Capacitismo” (Ableism) -un término que creo que no tiene todavía una traducción al español y que se refiere a la discriminación de personas con discapacidad-, y la grasafobia (fatphobia), estructuran la sociedad y lo infectan todo. Esta realidad se ve como profundamente problemática y por tanto es necesario identificarla, condenarla y desmontarla. Encontramos en todos estos textos de la Justicia Social que todas las personas blancas son racistas, que todos los hombres son sexistas, que el racismo y el sexismo son sistemas que existen y oprimen aunque no exista ninguna persona con creencias o intenciones racistas o sexistas, que el  sexo no es biológico y existe en un espectro, que el lenguaje es literalmente violencia, que querer remediar la discapacidad y la obesidad es odio y que todo necesita ser descolonizado. Un concepto que está ausente de toda esta teoría es el de clase económica (a veces aparece combinado dentro de la interseccionalidad), concepto que era clave en el marxismo y por ello no sorprende que mucha gente trabajadora se sienta alienada de este nuevo tipo de izquierda. También es irónico que este movimiento que dice “problematizar” todo tipo de privilegios está liderado por activistas de las universidades más caras de EEUU, de las clases más privilegiadas y de mayor estatus dentro de la sociedad.


Así que lo que empieza como escepticismo y pesimismo acerca de la posibilidad de conocer acaba en una verdad absoluta que no se puede discutir, que no tolera disidentes y los cancela y que no admite debate ni discusión. El conocimiento no se puede obtener por medio de datos o de la razón pero ahora se dice que se puede obtener escuchando la “experiencia vivida” de los miembros de los grupos marginalizados, o más exactamente, la interpretación que algunas personas hacen de esas experiencias vividas después de haber sido tamizadas por la Teoría. El problema de esta visión subjetiva es qué ocurre cuando las experiencias subjetivas de las personas entran en conflicto. Si diferentes miembros de grupos marginalizados -o si miembros de diferentes grupos marginalizados- dan interpretaciones incompatibles de sus experiencias vividas, ¿cómo se puede resolver esta contradicción? A veces se intenta dar una respuesta relativista radical, que dos afirmaciones contradictorias pueden ser verdad al mismo tiempo, pero lo que más hace la justicia Social en la práctica es favorecer las interpretaciones de algunos grupos marginalizados (los que se consideran que están en un lugar más elevado de la jerarquía de victimismo) y considerarlas las auténticas y se descartan las demás interpretaciones como internalizaciones de las ideologías dominantes. Es decir, cuando se produce un conflicto entre identidades, para saber cuál es la verdad se analiza cuál es la identidad más oprimida o victimizada, y lo que diga esa identidad se considera la verdad. De esta manera se resuelve la contradicción lógica entre el relativismo radical y el dogmatismo absoluto pero el precio que se paga es que la Teoría de la Justicia Social se convierte en algo completamente indefendible e infalsificable: sea cual sea la evidencia acerca de la realidad (física, biológica, social o filosófica) que se presente, la Teoría siempre puede descartarla. Es por esto que no es ninguna exageración afirmar que la Teoría de la Justicia Social ha creado una nueva religión, una fe que es hostil a la razón, la falsificación, la falta de confirmación o el desacuerdo de cualquier tipo, pero de ello hablaremos otro día.


El resultado de toda esta evolución que hemos visto es que el posmodernismo en la forma de la Justicia Social ha dejado las universidades y ha empezado una fase de expansión y proselitismo en la que está llegando a todas las esferas de la sociedad: las redes sociales, las empresas y corporaciones, las instituciones, el arte, el cine, la medicina, la psicología, la ciencia y las revistas científicas y, por supuesto, la política. 




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